Tuesday, August 16, 2011

¡QUE VIVA LA VEJEZ!

Son muchas las personas que le temen a la vejez o tienen una pobre visión sobre la misma. Pienso que esta actitud negativa encierra un temor a la muerte. Los comentarios varían según las edades y el sexo de las personas. Algunos de los comentarios que me hacen son hasta graciosos. Una persona me dijo un día que la vejez es la enfermedad incurable más fea que existe. Otra me dijo que no quería llegar a vieja para que la cara no se le pusiera como un  mapa, o sea, llena de arrugas. Al preguntarle a un colega ya retirado sobre cómo se sentía, me dijo: “Me siento como un  cañón”. Tuvo que haber visto mi sorpresa, porque a mi entender se veía bastante maltratado y estaba enfermo. Así que añadió: “Como un cañón del Morro: viejo, inútil  y mohoso”.  Otra amiga me dijo que ella detestaba ir a la oficina de su médico geriatra porque los pacientes, todos viejos como ella, se ponían a enumerar  sus dolencias físicas y ella terminaba por sentir todos los síntomas y antes de llegar a su casa, sentía el impulso de ir a la farmacia y comprar todas las medicinas que enumeraban, por si acaso.  Otra me dice que ya no iba a su médico con tanta frecuencia  porque la última vez que lo visitó salió tan traumatizada que ya en la calle y vio un coche fúnebre, se le fue detrás mientras le gritaba: “Taxi, taxi, taxi”. Claro, que eso es un chiste.

Las personas hacen lo indecible por esconder el paso de la vejez utilizando cremas “milagrosas” y hasta sometiéndose a procedimientos quirúrgicos. No critico a los que invierten su dinero para  estirarse las arrugas con el fin de verse más jóvenes. Si eso les aumenta su autoestima y les sobra dinero para hacerlo, perfecto. Tampoco critico que se pinten el pelo para ocultar las canas. Yo dejé de hacer eso último luego de mi jubilación por razones estrictamente económicas. El dinero que dejé de gastar en ese renglón me sirvió para otras cosas. Ya la gente se acostumbró a verme con canas, ¿para qué volver atrás? Pero sí critico a las personas que hacen el ridículo intentando aparentar una edad que hace tiempo las abandonó. Hay un chiste que dice que cuando uno tiene 15 años se viste para verse de 25 y cuando tiene 40, hace lo mismo.  Los viejos tenemos que aceptar que formamos parte del grupo de los “igualitos” (todos viejos y punto).

Personalmente dejé de hacerle caso a los anuncios de radio y televisión ofreciendo vitaminas y minerales que quitan todos los dolores del cuerpo, ayudan a aumentar las fuerzas y, sobre todo, a disminuir los riesgos de ciertas enfermedades. Un día le hice caso a uno de esos anuncios y comencé a tomar un cargamento de vitaminas y minerales. ¿Saben qué me pasó? Todas esas cosas que tomé me alteraron mi sistema gastrointestinal. Por meses sufrí lo indecible hasta que mis hijos y mi esposo me hicieron la observación. Visité a mi gastroenterólogo y él confirmó el diagnóstico. No digo yo, ¡matan a los viejos con tal de hacerse ricos! No solamente me siento mejor de salud, sino que ahorro dinero. Esas cosas no son nada de baratas.

La Biblia nos confronta a la realidad de la vejez. Uno de los libros que encierra una gran sabiduría sobre este tema es el de Eclesiastés. Nos explica que todo en la vida tiene su tiempo (Cap. 3).  Si eres viejo es porque fuiste joven alguna vez. Si ahora eres joven, tienes sólo dos opciones: esperar la vejez o morirte joven. La vejez siempre está esperándonos mientras permanece sentada en una cómoda butaca dentro de una habitación confortable. Lo que caminamos hacia ella somos nosotros.

En el capítulo 12 del libro de Eclesiastés ofrece a los jóvenes y aun a los menos jóvenes un magnífico consejo para disminuir sus temores a la vejez y a la muerte. Dice el teólogo bíblico que si quieres llegar a gozar de una buena vejez, debes acordarte de tu Creador en los tiempos de tu juventud. Yo nunca me arrepentiré de haberlo hecho caso a este consejo y de haber guiado a mis hijos a tomar esa misma decisión.

Lo mejor que uno puede hacer frente a la realidad de la vejez  es aceptarla con dignidad y sacarle el mayor provecho posible. Les aseguro que yo la estoy disfrutando al máximo. Vean por qué:
  • Aprovecho todos los descuentos que les dan a los viejos. Dicho sea de paso, ahora tienen una nueva clasificación para los de nuestra edad: “senior citizens”  (desde los 65 hasta los 74) y “super senior citizens”  (75 años o más).
  • Dejé de ser orgullosa cuando mis hermanos e hijos nos obsequian  a mi viejo y a mí viajes o dinero.  Ahora no me lo tienen que ofrecer dos veces, ¡les arranco la mano!
  • Acepto que mis amistades me transporten para disfrutar de las reuniones y las veladas que ellos inventan. Si me invitan es porque quieren estar conmigo.
  • Evito hablar de mis enfermedades cuando estoy frente a personas jóvenes y aún frente a mis amistades. Tengo demasiadas cosas que compartir con ellas que resultan interesantes. Pero hablo de mis molestias físicas con mis hijos y aún con mi hermana menor. Lo veo como una manera de desquitarme lo que tuve que aguantar cuando ellos y ellas eran niños.
  • Invito a la gente a reírse conmigo, no de mí. Eso me ayuda a conservar la verdadera juventud, que es la del espíritu, y a no ser objeto de rechazo por parte de la gente.
  • Sigo siendo útil a mis semejantes dentro del marco de mis limitaciones. Todo lo que me viene a mano hacer, lo hago con empeño (Ecl. 9:10)
  • Aunque poseo la resistencia normal a los cambios, me abro a ellos. Al fin y al cabo, si no los acepto, me van a pasar por encima.
No me arrepiento de haber llegado a vieja. Todavía me siento útil y suelo dar brinquitos (sosegados) de alegría cuando recibo buenas noticias, porque si los doy muy exuberantes puede que desmorone al caer.  ¡QUE VIVA LA VEJEZ!

4 comments:

Carmen Tere said...

Me gustan tus comentarios. Yo tengo que decir que a mi me a gustado más la vejez que la juventud. Lo que sucede es que como siempre el ser humano pone su mirada en las cosas externas y no en "lo que tiene valor" realmente en la vida.

La gente se queja de que llegaron a viejos y que le duelen los huesos pero no se dan cuenta que los años han enriquecido sus vidas con un caudal de conocimiento y sabiduria.

No podemos subestimar esta etapa de vida. Aunque a los jovenes le parezca chistoso, Dios siempre tiene un propósito para todo en esta vida. Aun hasta para los viejos. ¡Demos gracias a Dios por los viejos y su sabiduría!

August 16, 2011 6:34 PM

Sin apología said...

¡Que viva la vejez! Gracias por compartir tu experiencia positiva con la vejez... me enriquece seguir tu ejemplo. Siempre he dicho que hay que envejecer con gracia, y ya lo estoy haciendo también.
Un abrazo y muchas bendiciones.

El Blog de la Pastora Yoly said...

Definitivamente me reí. Genial, celebro tu vida y la sanidad mental q posees. Dios t bendiga y espero poder celebrar como tu cuando me toque llegar a la vejez

Janet said...

Me pareció excelente como siempre.