Wednesday, October 19, 2011

La Historia de la Masa Gigante


Recuerdo el día que a mi marido se le ocurrió la brillante idea de comprar una libra de masa de pan lista para hornear en una panadería que quedaba cerca de su lugar de trabajo. En lo único que pensó fue en todos los ingredientes que utilizaría para rellenar la misma. Para ese tiempo, estábamos recién casados y no teníamos auto propio por lo que utilizábamos transportación pública.  Los autobuses no tenían aire acondicionado, siempre estaban atestados de gente y por supuesto, las esperas largas. Ese día en particular no fue la excepción.  Desde su trabajo en el Viejo San Juan hasta llegar a casa de mi mamá dónde normalmente nos reuníamos a comer le tomaba una hora. El día estaba precioso, pero muy caluroso. Aquella masa comenzó a crecer y a crecer ante los atónitos ojos de Julio y de las personas que estaban a su alrededor. Fue tanto lo que creció que rompió la funda de papel y se desparramó por su regazo. Julio se levantó como un resorte de su asiento, se quitó la chaqueta y la arropó la masa con la misma. Sudaba copiosamente mientras la masa continuaba su proceso de crecimiento. Estoy segura que si esa situación hubiese ocurrido hoy día, la gente lo habría lanzado con todo y masa fuera del autobús pensando que se trataba de una bomba. La gente comenzó a preguntarle qué era aquello y  Julio se limitaba a explicarles que era un antojo de su mujer, que estaba embarazada. ¡Menos mal que yo no andaba con él! Cuando al fin llegó a la casa de mi mamá, aquella masa ya era enorme.  Todos los reímos como nunca de la odisea, pero esa noche comimos el mejor pan relleno de nuestras vidas.

Esa anécdota viene siempre a mi memoria al releer la porción bíblica que aparece en Mateo 13:33 y la cual dice: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó leudado. Jesús extrajo esta y otras parábolas de la vida cotidiana de su época. Todo lo utilizaba para llevar una enseñanza a sus oyentes. Lo extraño con esta parábola en particular es que, para los judíos, la imagen de la levadura era utilizada como sinónimo de algo podrido o pecaminoso. Tal fue el uso que le dio el apóstol Pablo en algunas de sus cartas. Pero Jesús era un maestro excepcional, quien tuvo la habilidad de atraer la atención de sus lectores utilizando fuentes insólitas, exageraciones y frases inesperadas. Su intención en este caso de la levadura era explicar el poder transformador de la levadura y compararlo con el poder transformador de su evangelio. Todo el mundo sabía que si no se le echa levadura a la masa de pan, lo que se obtiene al hornearla es algo así como una galleta bastante dura.    

El reino de los cielos es un concepto clave para el cristianismo y son muchos los teólogos que han escrito sobre el particular. Pero prefiero ampararme en lo que Jesús  dijo en el sentido de que no consiste de comida ni de bebida.  Esto es, no es nada tangible, sino intangible. Yo lo asocio con un dínamo que erradica la semilla del mal de nuestras vidas y siembra en nosotros la semilla del bien. Cuando eso sucede, no podemos quedarnos callados, sino que nos convertimos en la levadura que lleva al mundo a una gran transformación. Las preguntas que se hacen los ateos y agnósticos son las siguientes: ¿Por qué el mundo sigue tan saturado de maldad si hay tantas iglesias cristianas en el mundo? ¿Por qué hay tantas iglesias con nombres diferentes si el evangelio es uno sólo? ¿Por qué aún los cristianos hacen cosas pecaminosas?  ¿Por qué la iglesia se enfoca más en recibir y no tanto en dar? ¿Dónde está el poder transformador del evangelio?

La respuesta es simple: una cosa es el cristianismo y otra cosa es la cristiandad. El cristianismo propulsa un evangelio que es un conjunto de valores trascendentales, como lo son: la libertad, la justicia, la verdad y el amor en todas sus manifestaciones. Son cosas que ningún ser humano puede otorgarle a otro. Eso viene desde lo alto y es algo que nos lleva a erradicar el egoísmo y el hedonismo y a sacrificar nuestra comodidad para proceder a favor del prójimo. La salvación que propulsa el evangelio vence al miedo y nos hace actuar correctamente aunque eso signifique perder posiciones dentro de las estructuras organizacionales,  cosas materiales y aún la vida misma. Pero la cristiandad es la cultura que surge del cristianismo. Cultura es todo aquello que es creado por el ser humano. Por tanto, es algo dinámico que va cambiando según las exigencias y las particularidades del ambiente. Eso provoca que no solamente una cultura llegue a influenciar a otra cultura, sino que la lleve a su extinción. 

La cristiandad, como cultura, ha sufrido innumerables cambios a través de su historia. Las luchas de poder que se forman dentro de sus organizaciones y las intransigencias de algunos de sus líderes para atemperar sus dogmas y valores morales a la realidad de la vida son las causas principales de la ruptura entre grupos religiosos. Por esa causa es que existen tantas denominaciones cristianas y diversos grupos religiosos.  Aún dentro de la propia Iglesia Católica se da este fenómeno. En ocasiones, la iglesia cristiana institucional se deja influenciar por el ambiente malsano que la rodea. De esa manera, sus mensajes se convierten en galletas duras, difíciles de tragar. El resultado ha sido siempre negativo.  

Pero aquellos que queremos ser verdaderos cristianos y discípulos de Cristo tenemos que imitar el ejemplo de Jesús y hacer como hizo mi marido con la masa de pan que llevó a su hogar; Hay que estar dispuestos a vencer todo obstáculo y a perder aún la cota para lograr hornear el mejor pan que nadie se haya comido jamás.

2 comments:

Milagritos Archilla said...

Excelente! Disfruto mucho estas lecturas. Siga adelante. Milagritos

JOAN said...

Me encanto!!!