Wednesday, October 26, 2011

LA MEJOR CAMPAÑA POLITICA DE TODOS LOS TIEMPOS (Primera parte)


Ya se intensificaron las campañas políticas en Puerto Rico, los Estados Unidos de América y en otros lugares del mundo. Digo que se intensificaron porque ellas nunca cesan. Los miembros de los partidos de minoría invierten la mayor parte de su tiempo en atacar a los de la mayoría y los que están en el poder lo invierten en defenderse. Mientras eso ocurre, los problemas que aquejan la ciudadanía siguen su curso. La realidad es que  los ciudadanos silvestres y molientes como tú y como yo no tenemos otra salida que seguir con nuestra lucha por la existencia contando mayormente con la ayuda de Dios que nunca falla. Sin embargo, considero un deber ciudadano mantenerse al tanto de los debates políticos a fin de ejercitar el derecho al voto de forma inteligente y según lo dicte nuestra conciencia.
 
Ante el interrogante de si la iglesia cristiana debería o no inmiscuirse en los asuntos políticos que atañen a un país, debo aclarar que una cosa es hablar de  política (lo que en inglés se conoce como policy) y otra cosa es la política partidista (en inglés se denomina como politics). Como bien explico en uno de mis libros, la palabra política se deriva del vocablo griego poli, que en español fue traducida como ciudad. Los griegos visualizaron la poli como un conjunto de situaciones, motivaciones y necesidades, tanto individuales como colectivas, que surgen dentro de cualquier ambiente social.[i]  Partiendo de esa definición, la iglesia, en su rol educativo, tiene que levantar su voz cuando alguien atenta contra el bienestar de la ciudad. Pero debo admitir que existe una línea muy finita entre la política como proceso legítimo de toda actividad humana y la política partidista que obedece a los intereses e ideales particulares de sus líderes y seguidores. La iglesia cristiana ha tenido muchos aciertos en materia política, pero también ha cometido muchos errores al identificarse con asuntos de política partidista.

Ya el mundo se ha hecho pequeño, lo que implica que lo que sucede en un lado tiene su consecuencia al otro lado. La crisis económica que confronta los Estados Unidos no es algo local, sino internacional. Sus efectos son múltiples. Las guerras y ataques terroristas, los asesinatos, las diversas plagas, los terremotos, maremotos, huracanes, tornados, inundaciones y sequías que siguen ocurriendo en diversas partes de este planeta contribuyen de forma significativa al deterioro que experimentamos. Sin embargo, no debemos asumir una actitud fatalista frente a ellas. Tenemos que verlas como algo que da margen al desarrollo de nuevas ideas y al surgimiento de nuevos descubrimientos, movimientos políticos y nuevas estrategias económicas. Como reza el refrán: La necesidad es la madre de la invención. Mucha gente no entiende la estrecha relación que existe entre la crisis y el cambio. Los cambios producen crisis y las crisis producen más cambios. La ausencia de crisis significa un estado de conformismo generalizado que puede convertirse en algo sumamente peligroso para la sociedad en general. Conformidad es sinónimo de aprobación, consentimiento y adhesión a algo o a alguien que no necesariamente merece nuestro respeto. Las dictaduras y los sistemas totalitarios obligan a la gente a ese conformismo y utilizan el miedo como herramienta para sostenerlo. La Biblia nos exhorta a vivir conformes a la voluntad de Dios. Esto es, a tomar en cuenta sus leyes y ordenanzas porque ellas nos garantizan el orden. Pero también nos dice que no debemos conformarnos a las cosas de este siglo, sino a transformarnos por medio de la renovación de nuestro entendimiento (Romanos 12:2). Dios nos ha otorgado la capacidad para pensar y analizar los ofrecimientos que nos hacen los políticos a fin de determinar cuales se adaptan mejor a nuestra conciencia e ideales.

Retornando al asunto de las campañas políticas, se me antoja pensar que su desarrollo no son algo nuevo. El drama que se desenvuelve es el mismo. Lo que cambia son las técnicas, los escenarios y los actores. ¿Cuál es el drama? Gira en torno a tres motivaciones humanas que están latentes en todo líder: deseo de poder, de logro y de reconocimiento. Lea sobre las tentaciones de Jesús y verá que esa fueron las cosas que Satanás le ofreció a Jesús para que lo adorara a él (Mateo 4:1-10).  Jesús venció esas tentaciones porque estaba aferrado a su misión. Pero un vistazo a las narraciones de los evangelios me permitió descubrir que a partir de ese momento, Jesús siguió el patrón de desarrollo de una campaña política limpia. No hay vestigio de pecado en ese proceso. Hay que entender que para el tiempo de Jesús Palestina atravesaba por diversas crisis. La gente estaba ansiosa por la llegada de un líder que los habría de librar de sus sufrimientos. Jesús fue un estudioso de su historia y del judaísmo y estaba bien empapado de los problemas que confrontaban su pueblo y el mundo que lo rodeaba. Eso lo llevó a entender mejor su razón de venir al mundo. Ante sus ojos se materializó la visión que tuvo el profeta Isaías muchos siglos antes: Un pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz (lea Isaías 9:1-7). Definitivamente, descubrió que tenía una gran encomienda: vino al mundo para ofrecerle vida abundante y eterna a todos aquellos que creen en su mensaje (Juan 3:16). ¡Qué tronco de ofrecimiento para un pueblo sumido en el sufrimiento! Sus frases de campaña o “slogans” fueron sensacionales. Todos giran en torno al famoso “YO SOY”. Pero quizá el que más hondo caló en la mente de la gente fue cuando dijo: YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA (Juan 14:6).  Con eso en mente, seleccionó a los que estarían en su papeleta, que luego fueron llamados los doce apóstoles. No fueron personas destacadas dentro de su ambiente, pero eran personas que exhibían cierto arrojo. Los fue adiestrando al mismo tiempo que iba haciendo contacto con la gente. Jesús estaba claro que su permanencia en este mundo, como parte de la raza humana, no sería eterna. Tenía que ocuparse en preparar líderes que siguieran con su misión una vez él desapareciera. Supo al instante de aceptar su misión que estaría rodeado de muchos detractores. No eludió enfrentarse a ellos en debates públicos. Siempre tenía la respuesta correcta para sus acusadores. Asumió sin reparos el riesgo a la misma muerte y se enfrentó a la triste realidad de la traición. Cuando fue apresado, no ondeó una bandera blanca para evitar ser muerto, sino que se enfrentó a la muerte no sin antes perdonar a aquellos que consintieron en ella. Con esa acción selló su misión.

La campaña de salvación de Jesús se dio dentro de un pueblo altamente materialista e ignorante dirigido por líderes que dejaban mucho que desear. La religión era el centro de la vida de los judíos y los líderes de todos los bandos interpretaban a su antojo la Ley de Moisés, según sus propios intereses. Por un lado, estaban aquellos que querían perpetuar el status quo. Por otro lado, estaban aquellos que buscaban un cambio. La gente ignorante estaba a merced del líder que más le ofreciera. Pero no entendían ni pizca de sus plataformas políticas. Pero lo triste del caso fue los papeles que jugaron dos personas que escribieron un capítulo negro en la historia: Judas Iscariote y  Poncio Pilato. Judas fue un hombre que siempre tuvo su agenda escondida y que no pasó desapercibida para Jesús. Esa escoria de gente siempre ha existido en el mundo. Sobre ese particular hablaré en mi próximo escrito.


[i] Figueroa, Inés J. Principios de Administración y del Comportamiento Humano en la Iglesia. Guaynabo, Puerto Rico; ACME, 2008, página 117.

1 comment:

JOAN said...

Me encanto!! La verdad es que me encantaria tener a Jesus en estos tiempos postulandose para gobernador. Fuera de el, ninguno de los que hay me gustan. Ni modo, ya vere que hare el dia de las elecciones, a lo mejor se lo dejo a los dados. Es broma!!! jajaj, no vayas a infartar.

Besitos,
Joan