Friday, December 16, 2011

PARA QUE SEAN MUY FELICES

Me gusta que algunas animadoras de la televisión española se despidan de su audiencia con la frase que sean felices. La recibo con beneplácito porque es precisamente lo que Dios quiere para la humanidad. Cuando escucho esa frase, recuerdo la vez que en una clase de relaciones humanas le pregunté a mis estudiantes si ellos eran felices. Hubo un silencio sepulcral hasta que alguien dijo que la felicidad era un mito. La dinámica que se suscitó fue muy interesante. Lo primero que hicimos fue intentar definir el significado de la palabra felicidad, pero no hubo consenso. Utilizo el siguiente humilde verso de mi autoría para resumir lo que allí se habló. 


La gente se pregunta qué es la felicidad,
Más aún, de cómo la pueden lograr.
Muchos han escrito sobre el particular,
Pero no la han podido descifrar.

Se dice que el dinero compra la felicidad,
Pero hemos visto a muchos ricos morir en soledad.
Quizá está en el amor entre un hombre y una mujer,
Pero hemos visto matrimonios en el mundo perecer.

¿Estará en la juventud, o en la salud o en el mucho saber?
Los suicidios indican: nada que ver.
Entonces que alguien responda, ¿donde está eso que se llama felicidad?

Unos cuantos años después de esa experiencia, recibí la encomienda de preparar una monografía sobre la filosofía posmoderna. A tales efectos, decidí utilizar una parte del pasaje bíblico conocido como el sermón del monte y aplicarle una de las ideas de Jackes Derridá. Este hombre, de nacionalidad francesa, fue uno de los exponentes de la filosofía posmoderna y el originador el método analítico conocido como DECONSTRUCCIÓN. Según Derridá, ningún texto es poseedor de un significado fijo por dos razones específicas que a simple vista parecen ser muy válidas. Por un lado, hay que lidiar con las limitaciones que impone el leguaje, lo que hace imposible entender de antemano la intención de quien escribe un texto. Por otro lado, quien lee un texto está influenciado por la cultura de su ambiente. Aceptar esa idea es anular el trabajo de los lingüistas y exégetas, quienes tienen la responsabilidad de examinar los textos en sus lenguas originales y descubrir sus trasfondos con el objeto de entender los propósitos de sus autores. Además, es poner en tela de juicio la veracidad de todo lo escrito, lo que es equivalente a entrar en el laberinto del nihilismo (caer en el caos). Creo que como buen filósofo posmoderno, Derridá quería echar por tierra la existencia de verdades absolutas. Muchos filósofos en la actualidad consideran inaceptable y tildan hasta de filosofía destructiva esa metodología. Sin embargo, yo utilicé la misma para explicar las enseñanzas de Jesucristo en torno al tema de la felicidad. Según lo veo, Jesús hizo una deconstrucción  de ese concepto, lo que causó la ira de sus detractores. Para entender mi punto, tengo que explicar lo que para los judíos significaba ser una persona dichosa.

En los tiempos de Jesús no existían cartas de derechos humanos ni nada por el estilo. Los poderosos imponían sus decretos para proteger sus propios intereses sin que existiera ni un solo mecanismo para frenarlos. El discrimen era la orden del día. Por ejemplo, todos los días los escribas y fariseos le daban gracias a Dios por ser hombres y por no ser esclavos. Para los tales, tener buena salud, numerosa familia y gran fortuna era indicativo de que estaban bendecidos por Dios. Jesús se retorcía de dolor cuando los escuchaba hablar de esa manera mientras veía a una gran multitud de gente que sufría toda suerte de desgracia. Un día alzó su voz para declarar lo que para él significaba ser una persona dichosa o feliz. Lo que hizo fue virar al revés la idea de los escribas y fariseos. Según opino, Jesús hizo una deconstrucción del concepto de la dicha. Veamos lo que dice el texto bíblico que aparece en Matero 5:1-12

Jesús dijo que son dichosos son los que tienen espíritu de pobres, porque de ellos es el reino de los cielos; los que sufren, porque serán consolados;  los humildes, porque heredarán la tierra prometida; los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán satisfechos; los que son compasivos, porque Dios tendrá compasión de ellos; los de corazón limpios, porque verán a Dios; los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos; los que son perseguidos por hacer lo que es justo, porque de ellos es el reino de los cielos; los que reciben insultos, maltratos y son víctimas de las mentiras que la gente trama en contra de ellos, porque van a recibir un gran premio en el cielo.

Dejémonos de cuentos,  sin mayor explicación y tal como les pasó a los judíos, hasta el más fiel de los cristianos rechazaría ese mensaje que a simple vista parece proveniente de un sado-masoquista. Sin embargo, no se trata de una exaltación al sufrimiento, sino una exaltación a las promesas del Señor cuando atravesamos por momentos muy difíciles. Aquí se deja en entredicho el problema existencial de la humanidad: nuestra tendencia de hacer de nuestras vidas novelas con finales bien felices. Por esa razón es que nos frustramos y hasta nos angustiamos cuando las cosas no salen como las soñamos. Debo hacer hincapié en el hecho de que en algún momento de nuestras vidas nos veremos expuestos a una o varias situaciones dolorosas como las descritas por Jesús. La vida no es una panacea y hemos visto que las bendiciones materiales no son eternas. Por esa causa es que no debemos fundamentar nuestra felicidad en ellas. Por tanto, tenemos que movernos a aceptar las enseñanzas de Jesús, quien dijo que la persona feliz es aquella que:
o  Reconoce su dependencia de Dios y de algunos otros seres humanos. La prepotencia es un paso a la infelicidad.
o  Recibe y sabe dar consuelo, lo que tiene un valor incalculable. Las personas que hemos pasado por la experiencia de perder seres amados sabemos lo que significa recibir un abrazo y llorar en el hombro de un amigo verdadero.
o  Entiende que la verdadera grandeza humana reside en su humildad, algo que en nada tiene que ver con la pobreza de espíritu, la cual se define como la tendencia de seguir la línea de menor resistencia. La humildad es la antítesis del orgullo y la arrogancia 
o  Espera en la justicia divina que es inexorable aunque le haya fallado la justicia humana que siempre es imperfecta
o  Aprende a dar con desprendimiento. Quien da de esa manera, siempre recibe más abundantemente
o  Entiende a cabalidad que nadie tiene poder para destruir nuestro espíritu sino nosotros mismos
o  Reconoce que el odio sólo destruye a quien lo alberga
o  Practica el perdón 


Es mi más grande deseo que esas cosas germinen en sus vidas en este próximo año 2012 para que sean felices.  

1 comment:

JOAN said...

Precioso!! Me encantó y me dejaste cantando la canción que finalmente es mucho más larga que como la pusiste aqui. Me hizo recordar como lograbas que me aquietar un rato mientras cantabamos en la cama con tu guitarra. No hay duda que fui feliz y que lo sigo siendo.

Besitos,
Joan