Thursday, December 8, 2011

VÁMONOS DE VACACIONES

¡Qué edificante es tener un trabajo que nos gusta y que nos permita proveer para nuestras necesidades! Por supuesto, entre esas necesidades incluyo la de tomar vacaciones. Todo eso es bíblico. Es tan importante ese asunto que aparece registrado en el segundo capítulo del primer libro de la Biblia, el Génesis, donde el redactor dice que Dios trabajó seis días y tomó el séptimo como descanso (2:2-3a). No solamente eso, sino que fue el único día que bendijo y santificó. Ese descanso es importante porque es la manera normal para reponer nuestras energías físicas, mentales y espirituales. El autor del libro de Eclesiastés escribió lo siguiente: No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba y que su alma se alegre en su trabajo (2:24a). Por tanto, el trabajo es una bendición de Dios, no un castigo, pero las vacaciones forman parte del mismo. Ahora bien, el disfrute de ambas cosas es dependiente de las circunstancias del ambiente y de nuestra actitud frente a eso que le llamamos trabajo. Por ejemplo, los esclavos en la antigüedad  trabajan para conservar sus vidas, mientras que la mayoría de sus amos vivían para disfrutar de los placeres carnales. No voy a ser ingenua en pensar que eso ha sido erradicado totalmente. Hoy día aún existe la esclavitud, aunque bien disfrazada, pero de eso hablaremos en alguna otra ocasión.

 Por el momento me quiero limitar a hablar de mis más recientes vacaciones junto a otros familiares en Punta Cana, República Dominicana. He perdido la cuenta de las veces que he visitado ese lugar. La primera fue por placer, la que me resultó un tanto aburrida dada mi personalidad sedentaria. Casi todos los demás viajes los hice por asunto relacionados con los negocios familiares, pero siempre me quedaba dentro del ambiente hotelero. Este último viaje lo hice con la única intención de visitar a mis familiares, quienes pusieron sus residencias en una de las muchas villas que existen en ese lugar: mi hermana Guillermina, quien está retirada como yo; mi sobrina Diana Mena, quien es arquitecta y trabaja para una empresa desarrolladora; y mi sobrino Roberto Mena, también arquitecto, pero quien opera varios negocios propios, todos relacionados con el turismo. En adición, Roberto es escritor y periodista, razón por la cual tiene una red de relaciones públicas con algunos grupos de personas que allí se desenvuelven. El asunto es que dadas esas relaciones públicas y el vasto conocimiento que tiene de ese lugar, pudimos salir del entorno hotelero tradicional y visitar varios lugares.

En esta ocasión no volamos directamente al Aeropuerto de Punta Cana, como lo hice anteriormente, sino al Aeropuerto Las Américas. Alquilamos un auto y nos dirigimos a nuestro destino ubicado al este de la República Dominicana.   En términos gubernamentales, la República está dividida en provincias. Las provincias a su vez están divididas en distritos y los distritos en divisiones. Por tanto, Punta Cana es una de las divisiones del Distrito Turístico de la Provincia de la Altagracia. Además, de esa división, ese Distrito Turístico tiene otras cuatro: Verón (donde residen mis familiares), Bávaro, Arena Gorda, Macao y Uvero Alto. La historia del desarrollo de ese Distrito Turístico se remonta al año 1969. La División de Punta Cana, cuyo nombre indígena lo fue Youya, fue la primera en organizarse. De ahí la razón por la cual todo el mundo conoce el litoral como Punta Cana. Dicho sea de paso, el primer hotel turístico se construyó en una zona llamada Punta del Borrachón. Muy recientemente Roberto publicó en el idioma inglés su libro titulado Tales From Punta Cana dirigido principalmente al turismo europeo y estadounidense, que es bien poco lo que conoce sobre los antillanos y mucho menos de esa región. El libro es corto, bien jocoso, contiene muchas fotos y tiene informaciones interesantísimas sobre el lugar. También está por salir al mercado su libro de historia sobre el desarrollo turístico en la República Dominicana. Considero que es una obra muy buena, especialmente para aquellas personas que están relacionadas con la industria turística. Para mayor información, visiten la página informática: www.dominicangateway.com o también pueden visitarlo en Facebook bajo Dominican Gateway.  

Llegar a Punta Cana desde el Aeropuerto Las Américas toma alrededor de cuatro horas y media, porque todavía no han terminado la construcción del expreso que cortará a la mitad el viaje en auto. Eso implicó tener que pasar por un tramo bastante largo de carretera sin asfaltar. La zona sureste de la República es árida, llana y, por consiguiente, aburrida para transitar por ella. Sin embargo, nuestra monotonía terminó cuando el auto que alquilamos cayó en un tremendo hoyo. Guiar en la República Dominicana es una actividad de alto riesgo. Las leyes de tránsito son opcionales. El asunto es que se le hizo un tremendo roto a una de las gomas delanteras. Cambiamos la ridícula goma de respuesta que ahora les ponen a los autos y proseguimos nuestro camino rumbo a Verona. El evento fue motivo de chiste durante todo el resto de nuestro viaje. Lo tomamos como parte de la excitación.  Antes de llegar decidimos parar para comer en el pueblo de Higuey. Ese pueblo se dio a conocer por el notorio caso de los puertorriqueños que fueron apresados por el delito del trasiego de drogas. Por lo que me han informado, allí existe una cárcel que deja mucho que desear. Es natural que nos preguntáramos si habría un lugar donde sirvieran buena comida. Los humanos tendemos a elaborar prejuicios o a subestimar la gente o lugares por cualquier hecho aislado. Le preguntamos a uno de los residentes del pueblo, quien amablemente nos recomendó un lugar. Nos preparamos para entrar en un chinchorro ya que no estaba en la calle principal del pueblo. El lugar resultó muy pintoresco y limpio. La comida fue divina, los precios muy razonables y el servicio estupendo. Luego de comer viajamos una hora adicional hasta que finalmente llegamos a Verona.  

Tomando las palabras de mi sobrino Roberto, Punta Cana (desde ahora en adelante me refiero a todo el litoral del Distrito Turístico) es un lugar desconcertante. La zona es árida y los arbustos que tiene  son típicos de las zonas semidesérticas. Tiene varias carreteras que bordean las villas y  los hoteles y que se comunican entre sí. Como la zona es llana, todas las carreteras son rectas y están llenas de rotondas. Indudablemente, esas rotondas evitan los accidentes de auto ya que la gente suele guiar a bastante velocidad. Dado mi poco o ningún sentido de orientación, nunca supe donde estaba. Lo desconcertante es que uno viaja por espacio de diez o quince minutos y lo único que ve son montes a cada lado. De repente se tropieza con una villa que le quita el aliento a cualquiera por su belleza arquitectónica y sus jardines. Es similar a ver un oasis. Todas las villas y los hoteles tienen acceso controlado y gozan de excelentes sistemas de seguridad. Debido al trabajo de mi sobrino, él tiene acceso a esos lugares. Por esa causa tuvimos el privilegio de entrar en el campo de golf más grande de Punta Cana y correrlo completo (ni piense que caminando y tomando el sol, sino al atardecer y  montados en un carrito de golf). Ese campo tiene forma de medialuna y bordea la costa.

También estuvimos en una de las villas más costosas de Cap Cana con acceso a una de las playas de arenas blancas más paradisíacas del lugar, Juanillo. Esa villa tiene su propia marina donde se pueden ver cientos de yates. La mansión más barata vale alrededor de seis millones de dólares, pero los desarrolladores construyeron unas pequeñas para evitar que lo acusaran de discrimen. Esas se consiguen por uno o dos millones de dólares. Todas esas mansiones tienen estacionamientos soterrados donde sus dueños guardan sus autos exóticos.
 
Fuera de la zona costera, las villas son menos costosas y tienen precios más bajos, pero nada de baratos. Cada villa tiene su propio centro comercial llenos de restaurantes, farmacias,  supermercados, cines,  tiendas y oficinas de servicios, incluyendo médicos. Esas facilidades son terreras y están rodeadas de árboles y de jardines interiores. Nada de edificios grandes. Nosotros compramos en uno de los supermercados y comimos en tres diferentes restaurantes. Los precios son más elevados que en el resto de la República Dominicana, pero comparan con los de Puerto Rico.

Otro día visitamos la casa club de Cap Cana, ubicada en un farallón con vista al mar. Ese día se preparaban para una fiesta privada. Yo no entré en el edificio del club, pero me dijo una de mis hermanas que es bien bonito y el baño de damas está fuera de liga, una belleza.

Finalmente, y no por eso menos importante, también pasamos por dos o tres barrios marginados de Punta Cana y comimos en una fonda pueblerina. La comida que nos sirvieron fue nativa (mucho mangú), pero excelente y muy barata. Casi todos los habitantes del lugar trabajan dentro de la industria turística y están muy conscientes de que al turista hay que tratarlo bien para que regrese.  Son muy pocos los que nacieron en ese lugar y hay una comunidad de alrededor de 25,000 haitianos, casi todos indocumentados. Son estos los que trabajan en el área de limpieza y jardinería. La Provincia de la Altagracia tiene alrededor de 300,000 habitantes, sin incluir los indocumentados, y recibe diariamente un promedio de 30,000 turistas.

Nuestro regreso no fue menos emocionante. Tomamos una ruta equivocada y nos perdimos en medio de unos inmensos cañaverales. Para orientarnos, nos detuvimos en un timbiriche donde solamente se servían bebidas alcohólicas. Allí conversamos con varias personas, incluyendo una que estaba vestida con una mini falda y una blusa de lentejuelas. De su pecho colgaba un afiche que no sabemos lo que decía. Probablemente era una loca o una prostituta. El caso fue que tratamos a todos con respeto. Todo me pareció una estampa del viejo oeste americano. Finalmente, y luego de recibir una lluvia de polvo, llegamos a Higuey.

Este período vacacional fue para mí muy diferente porque, además de compartir con mi familia, me permitió seguir conociendo sobre el desarrollo de los pueblos y sus culturas. Yo opino que no debemos decir que conocemos un lugar hasta que no nos mezclamos con su gente para entender aunque sea un poco su historia y su cultura.

2 comments:

JOAN said...

Me encanto el articulo, me imaginaba en el carro riendome de la goma. Que pena que me perdi de ir por estar edificandome :(

Roberto Mena said...

¡Qué bien lo pasamos! Todavía me estoy riendo de tu ocurrencia de bromear con lo de mami (la procesión...) y la MEJOR explicación de la, falta de cerebro, de algunas personas por aquí: "es que solo tiene una neurona, el pobre. Si le preguntas algo...ya." ¡Vuelvan pronto!! y gracias por la promoción con el libro. Besos, Rober